Gracias a su cola puede impulsarse fuera del agua a distancias que suponen varias veces la longitud de su propio cuerpo. De esta forma consigue tanto escapar de sus depredadores como de encontrar mejores hábitats.

 

Así lo han demostrado investigadores de las universidades de Exeter y Alabama (EE UU), comprobando que las características físicas y la edad de los ejemplares influían en los centímetros que este pez de las Bahamas y Centro América era capaz de saltar.

Según la investigación, publicada en Journal of Experimental Zoology Part A: Ecological Genetics and Physiology, los saltos de este pez cambian a lo largo del tiempo presentando dos patrones diferentes.

Los más jóvenes son capaces de saltar durante más tiempo, pero sus brincos son menores. En cambio, los desplazamientos impulsados de los ejemplares adultos –que miden entre dos y tres centímetros de largo– presentan distancias de salto mayores.

Examinaron más de 200 ejemplares, de los cuales el que saltó más lejos fue el pez más longevo, un rivulín de cuatro años que consiguió desplazarse una distancia 12 veces mayor que la de su propio cuerpo. 

“La longitud y posición de algunos de los huesos de esta especie de peces parece influir en que los menores consigan saltar durante más tiempo”, explica Tom Houslay, investigador de la Universidad de Exeter. “Sin embargo, y según crecen los ejemplares, esta habilidad desaparece. Un pez mayor, independientemente de sus características físicas, saltará durante menos tiempo pero distancias mayores".

Según los autores, los rivulines adultos dependen en menor medida de sus huesos, pues tienen una musculatura y un sistema neuronal más desarrollados que les permite coordinar el salto. Sin embargo, en los ejemplares más pequeños estas características todavía no están desarrolladas.  

“La forma de salto y las repeticiones del mismo varían según se desarrollan este tipo de peces. Lo que hemos descubierto es que, en el caso del rivulín del manglar, la experiencia triunfa sobre el resto de factores. Los adultos, a pesar de presentar un mayor tamaño, son mejores saltadores”, afirma Houslay.

Por su condición de hermafrodita y en caso de no encontrar compañero sexual, el rivulín de manglar es capaz de auto fecundarse, originando así pequeños clones. Esta adaptación, poco común entre los vertebrados, lo convierte en una especie muy útil para el estudio de las diferencias genéticas entre la forma física y el rendimiento de sus ejemplares.


“Nuestro objetivo ahora es descifrar si la variación genética es la verdadera razón de las diferencias en la estructura corporal, relacionada en este caso con el rendimiento de los saltos de los peces más pequeños”, explica Joe Styga, investigador de la Universidad de Alabama y autor principal del estudio.


“Esta información podría ayudarnos a determinar hasta qué punto tal rendimiento puede evolucionar frente a los cambios ambientales”, concluye el experto del SINC

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